En Bujumbura, la migrante congoleña Joyce construyó un próspero restaurante a través de las redes sociales, creando empleos y uniendo comunidades a través de una cocina compartida.
OIM
Con el apoyo de la OIM, una cooperativa de mujeres migrantes en México demuestra cómo el trabajo artesanal puede reconstruir proyectos de vida. A través de la producción textil, mujeres de distintos países han unido su experiencia para generar ingresos, fortalecer su autonomía y crear redes de apoyo.
Pese a los desafíos, las mujeres venezolanas migrantes en Honduras transforman sus vidas y comunidades. Muchas han abierto negocios. Se trata de mujeres como Andrea, que llegó a Honduras hace nueve años con una gran incertidumbre. Hoy, esta chef ha convertido El Ávila en un restaurante próspero con 14 trabajadores que contribuyen a la economía local a través de la gastronomía.
En un retorno que no había planificado, Gerald tuvo que regresar a su ciudad natal en Venezuela tras haber intentado migrar a México. Con apoyo de la OIM y tras su participación en varias formaciones, Gerald Duque expandió sus capacidades técnicas y se embarcó en un microemprendimiento. Hoy, su taller le brinda estabilidad económica y le permite sostener a su familia.
Con el apoyo de la OIM, mujeres indígenas tolupanas en Honduras promueven liderazgo, apoyo mutuo y protección de derechos, fortaleciendo así la cohesión y el desarrollo local.
En Panamá, una empresa familiar venezolana ha logrado reinventarse y encontrar un segundo hogar a través del emprendimiento, la perseverancia y el trabajo. Tras enfrentar pérdidas significativas y empezar de nuevo, esta familia consolidó un negocio que hoy genera empleo, aporta al desarrollo económico y crea oportunidades en la comunidad de acogida.
Con apoyo de la OIM e IKEA, una cooperativa mexicana ayuda a mujeres migrantes a reconstruir sus vidas mediante la artesanía. Una iniciativa que les ayuda ser más autónomas y generar ingresos.
Irvin llegó a Colombia en busca de nuevas oportunidades. Pero con el tiempo fue ella quien abrió las puertas a decenas de niños, niñas y adolescentes, cuyas vidas ha transformado a través de la danza.
Según la OIM, en el plano económico, la contribución de estos venezolanos se traduce en 10.000 $ millones al año a través del gasto en vivienda, alimentos, educación y servicios de salud.
“A los 70 años me estoy preparando para lo que va a suceder en los 90”, dice Enrique. Después de una cirugía que casi lo deja en silla de ruedas tras unos juegos olímpicos, este cubano afincado en México ha encontrado en la gimnasia TAO una saludable pasión.
Tras el retroceso del glaciar, Delia y sus vecinos sufrieron la contaminación del agua en su pueblo andino del Perú. La OIM unió al gobierno y a la comunidad en un proyecto de bio-remedio que mejoró la calidad de su agua, fortaleció la resiliencia climática y redujo la migración. Gracias a esta iniciativa, Delia y otras mujeres han reactivado la economía local, preservando al mismo tiempo las tradiciones.
Lizardo llegó hace 23 años a Granizal, el segundo asentamiento informal más grande de Colombia. Desde entonces ha visto llegar a más de 32.000 personas - en Granizal, 7 de cada 10 habitantes son desplazados internos por violencia. “ACNUR nos ha hecho sentir que no estamos solos”, afirma Lizardo. Hoy la falta de financiación y el cambio climático están generando nuevos riesgos en este asentamiento.
A través de 'Escuelas de Campo' apoyadas por la OIM, los agricultores del sur de México aprenden a adaptarse a los desafíos climáticos, a recuperar su tierra y a inspirar a las nuevas generaciones a seguir cultivando con esperanza.
Gracias al apoyo de la OIM, los centros Quédate de Joyabaj y Malacatancito, al sur de Guatemala, han empezado a cosechar agua de lluvia. Una iniciativa que les permite almacenar agua incluso en tiempos de sequía, asegurando acceso a familias, escuelas y pequeños negocios. Una forma efectiva de reforzar la resiliencia climática y evitar migrar por falta de recursos.
En las tierras altas guatemaltecas, mujeres indígenas participan en el Club de Bienestar de la OIM. Un círculo donde, en sus idiomas, construyen confianza, se apoyan, recuperan sus voces, fortalecen la autoestima, preservan la cultura y generan cambios.









