ACNUR

Personas heridas, traumatizadas y desplazadas; nadie ha salido ileso de la invasión rusa en Dnipro, al sureste de Ucrania. En este reportaje, ACNUR te acerca las historias de seis personas cuyas vidas la guerra ha cambiado para siempre. Este es el caso de Tamara (en la foto) de 89 años, y su hijo Volodymyr, de 60. Evacuados tras soportar meses de bombardeos en la provincia de Donetsk.

Durante el año que ha pasado desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, millones de personas han tenido que huir de sus hogares. ACNUR sigue y seguirá apoyando a los desplazados y a las comunidades afectadas por la violencia en el país agredido.

“En sequías anteriores, nos trasladábamos a ciudades y volvíamos cuando llegaban las lluvias, pero esta sequía es la peor que hemos visto”, cuenta Shamsa Amin, madre de diez hijos. Un día Shamsa perdió la esperanza y emprendió un largo y difícil viaje con sus hijos y su madre de 82 años hasta llegar a los campamentos de Dadaab.

Voluntarios/as refugiados/as, junto con empresas y autoridades locales, han restaurado la mayor parte de este antiguo hospital.

Hizo teatro, fue modelo, participó en musicales y en espectáculos artísticos en Venezuela. Ahora, como mujer refugiada transgénero, trabaja en una fundación para apoyar a personas que viven con VIH en Ciudad de México. “Cuando tenía cinco años me diseñé un vestido con una sábana, era lo que yo sentía sin entender lo que me pasaba,” recuerda Nickoll.

Entre los 1,5 millones de refugiados y migrantes venezolanas en Perú, hay personal médico y de enfermería que quiere ayudar. “Lo que buscábamos era que las personas se fueran vacunadas a sus casas,” recuerda la enfermera Edixioney. Sus colegas le atribuyen haber suministrado la mayor cantidad de vacunas COVID-19 en todo Lima Norte, un distrito empobrecido de la capital peruana.

Yash escribe a su abuelo refugiado, ahora fallecido, a quien llamaba cariñosamente Dadu. En 1947, durante la partición de India, Dadu huyó de su hogar, situado en la actual Bangladesh (en). Yash, quien vivió con su abuelo casi toda su vida, recuerda el tiempo que pasaban juntos viendo comedias románticas y soñando con el futuro.

Mientras que el recrudecimiento de la violencia en la provincia de Kivu del Norte de este país africano acapara titulares, otra crisis envuelve a la vecina provincia de Ituri, donde la población civil se enfrenta a una violencia que ya ha forzado a 1,5 millones de personas a huir de sus hogares. En esta dura foto, Madeleine se recupera tras el ataque a su aldea que mató a cuatro de sus hijos.

Sarah nos sonríe en su casa, situada en un edificio viejo, en un vecindario pobre y hacinado de Beirut, la capital del Líbano. Hoy porta un vestido blanco y un collar de perlas de plástico. Sarah nació sin el antebrazo izquierdo, pero es tan alegre y feliz como cualquier otra niña de su edad.

La comunidad internacional ha sido incapaz de resolver los conflictos y el resto de las causas que han obligado a más de 100 millones de personas a huir de sus hogares en las últimas décadas. Esta incompetencia, combinada con la emergencia climática, el aumento del costo de vida y la recesión económica, hace que las perspectivas del desplazamiento mundial en 2023 sean poco alentadoras. Es este texto, ACNUR echa un vistazo a las situaciones más críticas para los refugiados este año.

ONU Refugiados plantea a la UE varias propuestas para garantizar procedimientos de asilo y protección más eficaces y justos.

El invierno agrava la delicada situación de las miles y miles familias sirias que ya llevan más de una década fuera de sus hogares.

Maria, que tiene necesidades especiales, se entristeció mucho cuando tuvo que abandonar a su perro al huir con su familia de la invasión rusa. Ahora, en un centro de Budapest (Hungría), María y otras niñas refugiadas participan en una sesión de terapia con un perro de apoyo emocional llamado Noir.

La escasez de fondos ha forzado a ONU Refugiados a limitar su ayuda a millones de personas. Sin una aportación de al menos 700 millones de dólares, la próxima ronda de recortes será catastrófica.

“Me llena de orgullo poder seguir jugando al fútbol aquí en España”, confiesa Deisy. Antes de verse obligada a huir de Colombia, había sido convocada para la selección nacional, pero sufrió una grave lesión en la rodilla. Ahora vuelve a jugar en una liga de Madrid, la capital española. “He recuperado ese sueño que me dio el fútbol”, le cuenta Deisy a ACNUR.